• Las armas no callan en Mosul, que se prepara para una dura postguerra

    Las fuerzas armadas de Irak declararon de forma prematura la victoria sobre los yihadistas del Daesh en Mosul, pero los combates siguieron adelante en una Ciudad Vieja devastada en la que resisten los últimos yihadistas atrincherados. El general Sami al Aridhi, uno de los comandantes de las fuerzas de élite antiterroristas iraquíes (CTS), aseguró que «no aceptan rendirse. Gritan que no se rendirán y que quieren morir» y añadió que «las operaciones están en su fase final». Un discurso alejado del triunfalismo, los bailes de celebración y los gritos que siguieron al anuncio del domingo. Mosul vivió un día más de disparos y explosiones, de columnas de humo negro emergiendo de su casco viejo como testigos de una guerra que no termina.

    El día después a la verdadera victoria final llena de incertidumbre a unos ciudadanos que se miran en el espejo de sus compatriotas de Tikrit, Faluya o Ramadi, otros tres lugares en los que operaciones militares acabaron con la presencia yihadista, y ven quela liberación no significa el final de la amenaza.Un estudio realizado por el Combating Terrorism Center de EEUU analiza la posguerra en zonas liberadas y muestra que el EI ha realizado más de 1.468 ataques en 16 de las localidades de las que ha sido expulsado, 11 en Irak y 5 en Siria. El estudio, de 20 páginas y publicado el mes pasado, concluye que «expulsar al EI del gobierno de una zona no es suficiente para anular su capacidad de realizar actos violentos» y señala que el reto de la reconstrucción política y económica de las zonas arrasadas por la guerra es mayor aún que las propias ofensivas militares.

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